«Dios, Padre nuestro, al finalizar este día, quiero reconocerte como el origen y el destino de mi existencia, como el creador y el padre de todo lo que existe, y como el mi Padre amoroso y mi proveedor. Quiero adorarte con todo mi ser, con toda mi alma, con todo mi corazón y con toda mi mente. También, me rindo a ti para entregarte mi vida y mi voluntad, mi libertad y mi responsabilidad, mi fe y mi esperanza. En esta hora, cuando me dispongo a dormir en tu regazo, como un hijo amado y confiado, permíteme dormir en paz, sabiendo que tú me cuidas y me bendices. Amén.»