«Señor Jesús, Rey de reyes y Señor de señores, te reconozco como mi Salvador y mi amigo, como el cordero de Dios que quita el pecado del mundo y como el buen pastor que da la vida por sus ovejas. Te amo con todo mi corazón, con toda mi alma y con toda mi mente. En esta noche, te pido que me perdones por haberte negado con mi mal testimonio, por haberte traicionado y por haberte crucificado con mis pecados. Te entrego mi noche, y mi descanso para que por favor me cuidas y me protejas con tu manto sagrado. Amén.»