Jesús amado, hoy te entrego mi corazón tal como está: con fe, pero también con dudas; con esperanza, pero también con cansancio; con amor, pero también con heridas. No quiero esconderte nada, porque sé que Tú me recibes con misericordia. Ven a habitar en mí durante este día. Guía mis decisiones, cuida mis palabras y sostén mis pasos. Que nada me robe la paz que viene de Ti. María, Madre mía, acompáñame siempre. Amén.