MEDITACIÓN DEL DÍA cortesía del Pbro. Luis A. Zazano

Evangelio según san Lucas 9,57-62

Mientras Jesús y sus discípulos iban caminando, alguien le dijo a Jesús: “¡Te seguiré adonde vayas!”.
Jesús le respondió: “Los zorros tienen sus cuevas y las aves del cielo sus nidos, pero el Hijo del hombre no tiene dónde reclinar la cabeza”.
Y dijo a otro: “Sígueme”. El respondió: “Permíteme que vaya primero a enterrar a mi padre”.
Pero Jesús le respondió: “Deja que los muertos entierren a sus muertos; tú ve a anunciar el Reino de Dios”.
Otro le dijo: “Te seguiré, Señor, pero permíteme antes despedirme de los míos”.
Jesús le respondió: “El que ha puesto la mano en el arado y mira hacia atrás, no sirve para el Reino de Dios”.

¡Te seguiré!

1) Discípulo: El título que san Pablo se puso no fue “apóstol” y eso que era el indicado para hacerse llamar apóstol. Él se puso “Pablo, el principal de los pecadores”. Y, cuando le decían “apóstol”, él decía que no era digno de ser llamado apóstol, decía que no era digno de ser llamado en esa lista. Hoy la gente se mata por ser apóstoles o mostrarse con el título de doctor en Biblia o catequista o agente de pastoral. Creo que ninguna persona apreció la gracia como Pablo. Él mataba a los creyentes y, más tarde, luego de su conversión va a decir: “Si no tengo amor, no soy nada”. La persecución tamisa los motivos. Si no, mira que antes de la pandemia la iglesia estaba llena de gente, pero luego alguien estornudó y quedó la mitad. Pero, si Dios lo hubiera hecho a Pablo manso y gentil ¿quién hubiera enfrentado a los legalistas? Tenía que tener carácter. Y, así como enfrenta a los edonistas o fariseos, también enfrenta a los cristianos. Como en Gálatas, que los cristianos usaban la gracia para pecar más, o en Corintios, donde enfrenta a los de fe mediocre. La franqueza de Pablo es la de quien verdaderamente debe ser discípulo.

2) Zorros: Te voy a ser sincero, yo a esta altura del año estoy con ganas de dejar todo, por el cansancio,  claro. A esta altura del año ya me dan ganas de ir a encerrarme con los monjes del Siambón o ir a un lugar donde nadie me pueda encontrar. Es como la situación de David, quien dice en el salmo “Quién me diera alas de paloma para volar y descansar” y eso que estaba en el palacio, pero tenía tanta responsabilidad sobre sus hombros, que ya quería dejarlo todo. Así como David, uno escucha que el Señor le dice “Mantén el rumbo. Haz lo que tienes que hacer”. Por eso, más allá del cansancio que tengas “Mantén el rumbo”. El tiempo le pertenece a Dios y los resultados también. Creo que uno de los problemas por los que muchos curas o monjas se enferman o tienen úlceras o problemas digestivos es por no saber asumir eso, y estar todo el día con quejas y preocupaciones: “si no es porque los catequistas no respetan los protocolos con el tema de los niños; o la cuota que hay que pagar a la diócesis o el pagar las luces de las capillas o el problema de doña Juana que se pelea por las aulas con doña Marcela o que el obispo te llama para dar explicación de un chisme que le llegó, etc.” El problema es cuando te pones una carga de algo para lo que no fuimos creados. Mira, yo no morí por ninguno de ustedes, como así tampoco ninguno de ustedes morirá por mí. Cuando los curas o los dirigentes de lo que sea se ponen cargas de cosas para lase cuales no fuimos creados, nos terminamos quebrando, y terminamos enfermos. La iglesia no es nuestra, la iglesia no es tuya querido cura que me escuchas, la Iglesia es de Dios y nuestra única tarea es ser fieles. No es tarea nuestra producir resultados ni cambiar la vida a nadie,  sino más bien es ser fieles, porque solo Dios puede cambiar el corazón del otro, no yo. El mayor placer (no te niego) es ver cómo Dios obra en otros a través nuestro. Eso es maravilloso, pero no asumamos un rol que no es nuestro, si no, te aseguro que te vas a enfermar.

3) Arado: A veces me pregunto por qué dentro de las iglesias generamos tantos apedreadores. No sé por qué somos más apedreadores que llevadores de la gracia de Dios: los hijos de alguien hacen algo insensato y ya recogemos una piedra; el matrimonio de alguien no funciona y ya tomamos piedras; el cura tiene un pecado que acabamos de descubrirle y ya agarramos una piedra; una dama muestra un poco sus hombros y otra piedra… Cómo sería nuestra iglesia si hubiera gente que no esté dispuesta a recoger una piedra. Solo podemos avanzar en la presencia de Dios si somos temblorosos, humillados, sin excusas y sin piedras, rendidos y desnudos, porque Dios busca siempre el arrepentimiento. Esa es la puerta de acceso a la gracia, el arrepentimiento. La vida espiritual exige una actitud humilde y no una actitud soberbia. La mayoría de los cristianos somos expertos en negación. La negación y el fingimiento siempre alteran las arterias de la gracia, por eso es necesario dejar la hipocresía, para saberte digno de recibir gracia tras gracia. Hoy Dios te invita a ser simplemente vos. Algo bueno está por venir.