Espíritu Santo, acompáñame en esta mañana y abre mis ojos al bien que puedo hacer. A veces voy tan deprisa que no veo a quien necesita una palabra, una ayuda o unos minutos de atención. Enséñame a detenerme y a escuchar. Pon suavidad en mi voz y generosidad en mis manos. Si hoy me equivoco, dame humildad para reconocerlo y reparar el daño. Que mi oración continúe en la manera de tratar a los demás, y que ellos encuentren en mí un poco de tu amor. Amén.