Jesús, mi cuerpo está cansado, pero mi mente sigue repasando conversaciones, temores y cosas pendientes. Tú conoces ese ruido que llevo dentro. Acompáñame mientras intento calmarme y respirar despacio. Ayúdame a volver al presente, a sentir la quietud de esta habitación y a recordar que ahora puedo descansar. Si el sueño tarda, dame paciencia y evita que me angustie todavía más. Recibe mis pensamientos uno por uno. Que encuentre en tu presencia un lugar sereno donde terminar el día con confianza. Amén.