Señor Jesús, te ofrezco esta mañana lo que haré con mis manos, lo que diré y lo que guardaré en el corazón. Une este pequeño ofrecimiento a tu entrega de amor, que celebramos en la Eucaristía. Que mi fe encuentre lugar en las tareas comunes: preparar una comida, cumplir una obligación, atender a alguien. Recibe también mis límites y lo que hoy quede incompleto. Ayúdame a vivir con generosidad, sin buscar hacerlo todo perfecto, y a recordar tu presencia mientras transcurre el día. Amén.
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