¡Buen día!

¿Sufrimiento positivo?

Usted tiene todo el derecho de preguntarlo. Y, además, de mostrar su perplejidad. Pero quisiera hoy acercarle algunas pocas ideas que lo ayuden a encontrar el sesgo bueno al sufrimiento. Comienzo arrimandole una frase paradojal de Chesterton:

“No liberes al camello de la carga de su joroba. Podrías estar liberándolo de ser camello”. Nosotros quisiéramos no sufrir, porque la vida sería más feliz sin sufrimiento. Pero ¿seríamos más humanos, sin sufrimiento? ¿Tendríamos capacidad de sacar de nosotros los recursos más genuinos, sin sufrimiento? Decía Khalil Gibran: “El dolor es la fractura de la cáscara que encierra nuestra sabiduría”. No podríamos disfrutar de la nuez si un golpe no rompiera la coraza que la cubre.

Como alguien dijo también: “¡Al hombre le enseñan más los golpes de la vida que todas las universidades y bibliotecas juntas!”. Por lo demás, en el decir de Burke, “no puede aspirar a obrar grandes cosas sino aquel que tiene capacidad para sufrir mucho”. Tal vez no venga mal recordar otra idea de Gibran: “Así como la semilla de la fruta debe romperse para que su corazón se exponga al sol, así debéis vosotros conocer el sufrimiento”. Maeterlink solía decir que “el sufrimiento es el alimento del amor”. Aunque esto pueda sonar extraño, ello es verdad cuando se llega a amar el sufrimiento como cauce de madurez. Razón tiene aquel proverbio de los antiguos “árabes”: “Podrás olvidar con quién reíste, pero jamás olvidarás con quién lloraste”.

Mucho depende, por supuesto, del espíritu con que se afronte el sufrimiento, ¿Recuerda estos versos recitados por las abuelas? “Del más hermoso clavel, pompa del jardín ameno, el áspid saca veneno, la oficiosa abeja miel”.

¿Veneno o miel? Esta es la cuestión. Somos nosotros los que debemos aprender el arte de vivir felices, más allá del sufrimiento. Como alguien explicó, “siempre habrá un motivo para hallar consuelo en el dolor y esperanza en la pena”.

Y no se olvide de mirar al cielo. Dice un póster: “Cuando se nos cierra una puerta, Dios nos abre una ventana para que veamos algo nuevo”…

¡Hasta mañana!

Padre José Ceschi