Dios mío, Trinidad que adoro,

ayúdame a olvidarme

enteramente de mí mismo

para establecerme en ti,

inmóvil y apacible

como si mi alma estuviera

ya en la eternidad;

que nada pueda turbar mi paz,

ni hacerme salir de ti, mi inmutable,

sino que cada minuto me lleve más lejos

en la profundidad de tu Misterio.

Pacifica mi alma.

Haz de ella tu cielo,

tu morada amada y el lugar de tu reposo.

Que yo no te deje jamás solo en ella,

sino que yo esté allí enteramente,

totalmente despierta en mi fe,

en adoración, entregada sin reservas

a tu acción creadora.

Amén