«Espíritu Santo, te glorifico y te honro por ser el aliento de Dios, y el don del Padre y del Hijo, el consolador y el santificador. Te doy las gracias por los dones que me has entregado y por los frutos con los que me santificas y me ayudas a parecerme a Jesucristo, también, por tu luz y tu fuego. Te pido que me llenes de tu amor, de tu paz y de tu alegría, y en esta hora cuando me dispongo a dormir, te entrego mi reposo, para que renueves mis fuerzas. A ti te confío mi alma, mi cuerpo y mis sentidos, purifícame y sáname. Amén.»