«Espíritu Santo, ven a mi vida, en esta noche te acojo para ser tu templo y que seas mi consolador, como el dedo de Dios que escribe la ley en nuestros corazones y como el viento que renueva la faz de la tierra. Te adoro con todo mi ser, con toda mi fuerza y con todo mi entendimiento. Te suplico que me perdones por haberte resistido, por haberte apagado y por haberte entristecido con mis infidelidades. En esta noche, te pido que me des de la paz que solo tú puedes dar y me ayudes a tener un sueño plácido y en paz. Sé mi aliento, mi fuerza y mi sabiduría. Amén.»