«María, madre de la Iglesia y reina de los ángeles, te saludo como la hija predilecta del Padre y la esposa amada del Espíritu Santo, como la nueva Eva que colaboró con el nuevo Adán y como la madre de misericordia que nos acoge a todos bajo su manto. Te amo con todo el afecto de mi corazón, con toda la devoción de mi alma y con toda la confianza de mi mente. Te pido que me perdones por haberte olvidado, por haberte ofendido y por haberte desobedecido con nuestras ingratitudes. Reina mía, te agradezco por esta hermosa noche, y te pido que me des descanso en tu regazo. También, te entrego mi familia, mi salud y mi felicidad. Sé mi protectora, mi intercesora y mi madre. Amén.»