“Glorioso San José, padre fiel y silencioso, encomiendo esta noche a tu protección. Tú que cuidaste de Jesús y María, cuida también de mí. Ayúdame a descansar sin miedo, con la confianza de quien sabe que está en buenas manos. Gracias, Dios mío, por darme ejemplos tan santos. Amén.”