“Jesús, gracias por enseñarme a amar incluso cuando cuesta. Si hoy perdoné, si me callé para no herir, si elegí el bien en lugar del rencor, fue por Tu gracia. Esta noche dejo en Tus manos todo lo vivido. Que mi descanso sea un eco de Tu presencia. San Juan Pablo II, ruega por mí. Amén.”