“Jesús, gracias por ser mi compañero fiel en cada paso del día. A veces no entiendo tus caminos, pero sé que siempre me llevas hacia la vida. Te ofrezco mis luchas, mis cansancios y mis lágrimas. Tómalos y transfórmalos. Virgen María, Madre que nunca abandona, acompáñame en este descanso. Ángeles del Señor, cuiden mis sueños. Que mi noche sea un remanso de tu amor y mi despertar un canto de gratitud. Amén.”