MEDITACIÓN DEL DÍA cortesía del Pbro. Luis A. Zazano

Evangelio según san Lucas 11,37-41

Cuando terminó de hablar, un fariseo lo invitó a cenar a su casa. Jesús entró y se sentó a la mesa.
El fariseo se extrañó de que no se lavara antes de comer. Pero el Señor le dijo: “¡Así son ustedes, los fariseos! Purifican por fuera la copa y el plato, y por dentro están llenos de voracidad y perfidia.
¡Insensatos! El que hizo lo de afuera, ¿no hizo también lo de adentro?
Den más bien como limosna lo que tienen y todo será puro.

Lavan la copa

  1. Cenar: Si queremos avanzar a nuestro destino, aprendí que hay que aprender a cerrar la boca. Parece que el problema empieza en la boca, pero está centrado en el corazón, porque lo que sale de la boca viene del corazón. De modo que nuestro problema es mirar qué reina en nuestro corazón, porque, si el orgullo está presente en el corazón, tarde o temprano va a querer salir por la boca. A veces tratamos de llegar al fruto en vez de a la raíz. Cuando vemos el fruto del orgullo, cortamos la rama, pero no la raíz. Cuando contamos lo que nos compramos o los logros adquiridos y vemos la cara que nos hacen, ahí recién decimos “Uh, no lo tendría que haber contado”. Creemos que es cambiar el fruto, pero si no tratamos con la raíz, va a continuar apareciendo en nuestras vidas retrasando nuestro destino. Te digo cuál es la raíz del orgullo: la inseguridad. Cuando yo comencé no era orgulloso, sino más bien inseguro, y la inseguridad se ve como orgullo. Yo quería recibir halagos y aplausos, pero no por ser orgulloso, sino por ser un hombre inseguro.
  2. Sentó: Hace unos días fui a hacer unas compras en el supermercado. Fui a comprar varias cosas que me faltaban en la casa, porque había cobrado el sueldo. Había un mundo de gente ya que era el día de promociones. El tema es que había una cajera que no tenía muy buena voluntad. Le dije: “Buenos días”, y ella me contestó: “Hola”. Cuando la estaba ayudando se me cayeron unas cosas y me empezó a retar. Ahí se me subió la temperatura y ya estaba a punto de prenderme a lo de ella, hasta que alguien me dijo “Lo ayudo, Padre”. Entonces, me dije “Me tengo que portar bien”. Entonces, le dije a la señora: “Debe tener un día difícil” y ella me contestó: “Más que un día, una vida difícil, porque yo ya estaba jubilada, pero se murió mi hija hace unos años y estoy a cargo de sus tres hijos. Yo ya tenía pensado descansar.” Mientras me decía eso, se le salía una lágrima. Allí comprendí que todos llevamos una vida dura y difícil y que nadie sabe lo que el otro vive y sufre por dentro. Conclusión: ella fue a misa a mi parroquia hace dos domingos y me dijo “Soy evangélica, pero vengo a su misa para que rece por mí, porque no me preguntaron nunca en el trabajo por mi persona y usted me sorprendió “. Ahí me dije: “Con una simple pregunta se puede evangelizar y misionar”.
  3. Afuera: Cuenta la historia que había tres hombres trabajando con piedras, se acercó un niño y le preguntó al primero: “Usted qué hace ? Y él le contestó: “Yo pico piedras”. El niño se acercó al otro y le preguntó: “Usted, señor, qué hace?”. Y este le contestó: “Yo me gano el pan para mis hijos”. Luego se acercó al tercero, y el niño le preguntó: “¿Tú qué haces?” y el señor le contestó: “Yo, construyendo una catedral”. Tres hombres distintos, una misma pregunta y distintas respuestas. ¿Vos qué estás haciendo por tu vida? ¿Construyendo un proyecto? ¿Pagando solo cuentas con tu vida? ¿O simplemente matando el tiempo? Construí catedrales de vida y no seas un fariseo que solo dice “hacer”, pero no sabe “ser”. Algo bueno está por venir.