Padre amado, esta noche extraño mucho a una persona querida. En el silencio aparecen recuerdos y palabras que me gustaría compartir. Tú conoces ese amor y el lugar que ocupa en mi vida. Si está lejos, acompáñala; si ha fallecido, recíbela en tu misericordia y dale el descanso eterno. Acoge también mi tristeza, sin apresurar mi consuelo. Ayúdame a agradecer lo vivido y a encontrar compañía cuando la necesite. Que pueda dormir sintiéndome sostenido por ti, aun con esta ausencia en el corazón. Amén.