MEDITACIÓN DEL DÍA cortesía del Pbro. Luis A. Zazano

Evangelio según san Marcos 9, 30-37

Al salir de allí atravesaron la Galilea; Jesús no quería que nadie lo supiera,
porque enseñaba y les decía: «El Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los hombres; lo matarán y tres días después de su muerte, resucitará».

Pero los discípulos no comprendían esto y temían hacerle preguntas.Llegaron a Cafarnaún y, una vez que estuvieron en la casa, les preguntó: «¿De qué hablaban en el camino?».
Ellos callaban, porque habían estado discutiendo sobre quién era el más grande.
Entonces, sentándose, llamó a los Doce y les dijo: «El que quiere ser el primero, debe hacerse el último de todos y el servidor de todos».
Después, tomando a un niño, lo puso en medio de ellos y, abrazándolo, les dijo:
«El que recibe a uno de estos pequeños en mi Nombre, me recibe a mí, y el que me recibe, no es a mí al que recibe, sino a aquel que me ha enviado».

La grandeza de servir

1) Supiera: Es importante en tu vida cuidar la prudencia y saber en qué momento decir las cosas y cómo decir las cosas. En estos tiempos donde todo el mundo habla de todo, y en donde parece que comentar a la ligera no tiene repercusiones, es importante destacar que hay cosas que uno debe saber callar para decirlas en su momento. No dejes que la ira y el rencor sean los motivadores de tus palabras, más bien la prudencia y el aportar al otro sean los que actúen en su momento.

2) Preguntas: Hay veces que escapamos a las preguntas porque tememos a las respuestas, pero hay preguntas que son necesarias hacerlas y hacerte. En esta vida las preguntas llevan a que vos busques respuestas para tu vivir y el fundamento de tu forma de vivir. Porque la clave es ser claro con vos y en vos, para ello uno necesita darse respuestas.

3) El más grande: Cuando tu identidad está unida al hacer puede que lo único que te motive a vivir sea un puesto, un cargo. Hay veces que me dicen: “usted es sacerdote”, y yo respondo: “no, soy Luis que elegí el sacerdocio”. Porque cuando tu identidad está unida al hacer el día de mañana, si no soy sacerdote creeré que no soy nada, y sí, soy: soy Luis, hijo de Dios. Por eso cuando un grande le dice a un niño: “¿qué vas a ser cuando seas grande?,” le está condicionando una identidad, porque cuando sea grande y no sea la profesión que dijo, se frustrará para toda la vida. Cuando tu hacer se condiciona como ser, lo único que puede alimentar y engrandecer tu vida es el poder. Por eso vemos muchos curas, monjas, políticos y empleados que lo único que los motiva es llegar a un alto cargo y es eso lo que parece que los hace sentirse realizados. Hasta a mí una vez un cura amigo, Amadeo, me decía: “cuando seas párroco vas a entender y tú sacerdocio será feliz”. Con los años comprendí que se confunde ser con hacer y un título o un cargo no me hace feliz. Los cargos y los puestos son para el servicio, no para valerme de un prestigio. Algo bueno está por venir.