MEDITACIÓN DEL DÍA cortesía del Pbro. Luis A. Zazano

Evangelio según san Mateo 21,28-32

Jesús dijo a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo:
“¿Qué les parece? Un hombre tenía dos hijos y, dirigiéndose al primero, le dijo: ‘Hijo, quiero que hoy vayas a trabajar a mi viña’.
El respondió: ‘No quiero’. Pero después se arrepintió y fue.
Dirigiéndose al segundo, le dijo lo mismo y este le respondió: ‘Voy, Señor’, pero no fue.
¿Cuál de los dos cumplió la voluntad de su padre?”. “El primero”, le respondieron. Jesús les dijo: “Les aseguro que los publicanos y las prostitutas llegan antes que ustedes al Reino de Dios.
En efecto, Juan vino a ustedes por el camino de la justicia y no creyeron en él; en cambio, los publicanos y las prostitutas creyeron en él. Pero ustedes, ni siquiera al ver este ejemplo, se han arrepentido ni han creído en él”.

Sacerdotes y ancianos

1) Trabajar: Hacer dinero es la manera en que nos ganamos la vida, y dar dinero es la manera como construimos el propósito de la vida. Si nos enfocamos en las cosas que queremos nunca va a ser suficiente y nuestro corazón cada vez va a ser más pequeño y egoísta. He visto gente con mucho dinero negociar por el precio de la carne o pedir los centavos del vuelto. Es por eso que no dejes que el egoísmo te haga olvidar para qué es tu vida y para quién estás construyendo tu vida.

2) Arrepintió: A veces necesitamos días difíciles para saber quién es familia, quién es amigo, quién es una pareja y quién es solo un pasajero en nuestras vidas. Aprende a saber arrepentirte cuando uno dice o hace cosas que no corresponden. Es necesario aprender a dejar el orgullo de lado. El Dr. René Favaloro decía una frase que era “A veces los honestos tienen que dar más explicaciones que los corruptos”. Por eso, no dejes de caminar en tu vida con humildad y saber que la vida es un constante trabajar por cambiar, pero con honestidad.

3) Voluntad: Te comparto un truco mental que me ayudó muchísimo en mi vida después de salir de una depresión que tuve. La clave es quitar el “me” de las oraciones: no “me” saludo, no “me” quiso ayudar, no “me” agradeció, “me” gritó, “me” dijo algo hiriente. Sácale el “me”. Quitar el “me” es recordar que no todo gira en torno a nosotros. No sabes lo que el otro está cargando, pero tampoco tenés que cargarlo vos. Este simple ejercicio te ayuda a volver a centrar la mirada en la voluntad de Dios y volver a vos. Lo único que vos podés controlar es tu reacción y tu paz, pero también tus límites. Algo bueno está por venir.