“Amado protector Divino, ahora que cae la noche, disipa de mi corazón todo temor, y llena mi corazón con tu paz sobrenatural, pues tú eres mi fortaleza, y como decía el salmista en salmos 91:5, no temeremos al terror nocturno, hoy me apropio de esta palabra y te ruego que seas mi refugio y mi fortaleza quien me libre de toda peste destructora que aseche en la sombra o de la mano de los malignos y que tu mano de poder no se aparte de mi lado. Te lo pido en el Nombre de Jesucristo, mi Señor y mi Salvador. Amén.”