MEDITACIÓN DEL DÍA cortesía del Pbro. Luis A. Zazano
Evangelio según san Lucas 12,35-38
Jesús dijo a sus discípulos: “Estén preparados, ceñidos y con las lámparas encendidas.
Sean como los hombres que esperan el regreso de su señor, que fue a una boda, para abrirle apenas llegue y llame a la puerta.
¡Felices los servidores a quienes el señor encuentra velando a su llegada! Les aseguro que él mismo recogerá su túnica, los hará sentar a la mesa y se pondrá a servirlo.
¡Felices ellos, si el señor llega a medianoche o antes del alba y los encuentra así!”
Lámparas encendidas
- Preparados: Hay momentos en que pasamos oscuridad y vivimos momentos difíciles. Hay momentos que pasamos entre la aflicción y el gozo, entre la oscuridad y la claridad, ese momento en que ni siquiera sabemos dónde estamos. Están esos momentos cuando uno tiene que seguir adelante, pero no sabe cómo seguir adelante. En la gramática de Dios no te atrevas a poner una coma donde Dios pone un punto final, pero tampoco pongas un punto final donde Dios pone una coma. Dios siempre pone una coma, incluso al final de la muerte. Uno no decide cómo termina su historia de vida. Uno es el actor o la actriz de esta vida, pero Dios es el guionista y, hasta incluso, el director. Por eso, no pongas un punto final donde Dios pone una coma. Prepárate para vivir como Dios quiere que vivas.
- Regreso: Para dar hay que abrir la mano y, para recibir, uno también la tiene que abrir. Alguien que vive con el puño cerrado no da ni recibe. Por eso, hay que aprender a vivir cada situación. Como dice san Pablo en Filipenses: “Sé vivir en la escasez y en la abundancia”, porque también hay que aprender a tener abundancia, y no todo el mundo puede manejar la abundancia. Hay que aprender en esta vida a saber manejarse con todo y en todo. Hay gente que cuando está en la abundancia se olvida de que pasó hambre y hay gente que, cuando pasa hambre, se olvida de lo que hizo cuando estaba en abundancia. Por eso, tené memoria.
- Servirlo: Hace un tiempo me tocó ir a un sector de mi parroquia que es campo, campo. Visité a don Juan, un hombre de campo que es muy bueno, tenía sus vacas y también su tambo. Ordeñaba todos los días y no tenía feriados ni horas libres, un hombre muy entregado al campo. Un día lo fui a visitar para bendecir sus vacas y me contó que estaba pensando en venderlo todo, porque la sequía lo había matado. No llegaba a fin de mes, no llegaba con los números. Estaba casi desesperado. Lo bendije, lo acompañé un poco, tomamos unos mates, charlamos. Al otro día me llamó y me dijo que no iba a vender nada porque esa noche, después de que charlamos, se fue a ordeñar las vacas y tuvo como una aparición divina: era su papá. Recordó como, veinte años atrás, le enseñó a poner las pezoneras y a ordeñar. Allí pensó “Esto no lo levantó él para que yo lo tire por esta sequía”. Así que al otro día siguió y empezó a ponerle más esfuerzo. No es que se le hizo todo más fácil, porque la sequía seguía estando y el cansancio seguía siendo cansancio. Lo que cambió fue que encontró, en el medio del peor momento, la razón por la que valía la pena aguantar. Esto me recuerda lo que decía el filósofo Nietzsche: “Quien tiene un por qué para su vida, puede soportar casi cualquier cómo”. Querida amiga o querido amigo, esto también se aplica a tu campo o a tu tambo o a tu propia vida en sí. Porque el cansancio no cambia al levantarte a las 4 de la mañana y tampoco cambia para ir a trabajar, pero lo que cambia es el para qué y el por qué hacés las cosas, cada cosa, y lo que estás enfrentando. Algo bueno está por venir.
octubre 20, 2026 a las 8:30 am
Amén gracias Padre Amado x está Meditación q así sea Amén Amén y Amén 🧎🙌🙏